miércoles, septiembre 30, 2015

LOS ACTOS TIENEN CONSECUENCIAS



Hace algunos días, alguna semana ya, quizá, un amigo me envió un vídeo, sugiriéndome que podía servirme para alguno de mis artículos. El vídeo yo lo había visto hace tiempo, y me reí mucho. Pero no me paré a pensar que, además de pasar casi cinco minutos de lo más divertido, podía servir también para reflexionar sobre cómo educar a los hijos.

Os dejo con el vídeo, que seguro habéis visto ya, pues ha corrido por las redes sociales como la pólvora, y luego comentamos un poco.


¿Os imagináis los momentos previos al vídeo? ¡La que tuvieron que organizar! También me puedo imaginar al padre al verlos. Imagino que la primera reacción pudo ser montar en cólera al ver cómo se han puesto sus hijos, y cómo han puesto la casa. Eso no se ve en el vídeo, pero el padre se lo echa en cara a los niños.

Por otro lado... qué curioso, vivimos en el mundo de Internet, y lo primero que se nos ocurre, ante algo que consideramos puede tener audiencia, es ir corriendo a por la cámara de vídeo para grabarlo. En cualquier caso, lo interesante es la conversación que tiene el padre con sus hijos, tratando de contener la risa al ver semejante cuadro, y al escuchar las respuestas del mayor y cómo el pequeño se somete a las respuestas de éste.

Me parece instructivo que el padre dialogue con sus hijos, salvando las distancias, como si fueran adultos. Podía haberles echado una bronca tremenda, haberles mandado a su habitación castigados... y sin embargo lo que hace es dialogar con ellos pidiéndoles explicaciones por lo que han hecho. Así, les enseña que los actos tienen consecuencias, y que cuando uno decide hacer algo, después ha de hacerse responsable de esas consecuencias. En este caso, la consecuencia de haber hecho un mal uso de la pintura es que esa noche no tendrán zumo para cenar, además de tener que limpiar lo que han manchado. Al principio no quieren asumir el castigo, pero pronto se dan cuenta de que, como les dice el padre, están en serios problemas, y no les queda otra que asumir las consecuencias de lo que han hecho. A pesar de la risa que el padre a veces no es capaz de aguantar, consigue hacerles entender que la situación no es graciosa, que él no está contento y que lo que han hecho no está bien.

Otra cosa que me parece instructiva en el vídeo es cómo, sin que ellos se den cuenta, les "obliga" a decir la verdad. Al principio el mayor echa balones fuera, y carga toda la culpa sobre su hermano. De hecho, dice que él no va a limpiar nada, que lo va a hacer su hermano. Pero poco a poco se va dando cuenta de que eso no le va a servir de nada. Llega un momento en el que es el pequeño el que trata de eludir la responsabilidad, y dice que no se siente culpable. Pero entonces se fija en el mayor, que ya ha entendido, e imita su asunción de responsabilidad. Finalmente asumen, sin dramas ni broncas, que tendrán que limpiar lo que han manchado.

¿Qué os parece? Creo que a veces tratamos a los niños como si fueran tontos o algo así, como si por el hecho de ser niños no pudieran entender una serie de normas, como si para ello hubiera que gritarles, imponerles grandes castigos, encerrarles... Pero... ¿no es mejor una actitud así? ¿No es mejor tratarles como personas razonables capaces de asumir la responsabilidad de sus actos? Pienso que esto es más instructivo, y, a la vez, crea un clima mucho más sano dentro de la familia. Tras una bronca, un niño puede quedar asustado, sin ganas de acercarse a su padre en un buen rato. Y, bronca tras bronca, la confianza puede ir debilitándose. De esta otra manera los niños aprenden a ser adultos, aprenden que en la vida hay que poner límites, que no todo vale, que, como hemos dicho antes, los actos tienen consecuencias y todos debemos asumir la responsabilidad de esas consecuencias.

¿Qué opináis? Me interesa sobre todo la opinión de los que sois padres, abuelos, educadores... ¡Gracias por vuestra participación!

4 comentarios:

Francisco Rosa Novalbos dijo...

Opino que son unos chavales estupendos, ya me gustaría ver al padre con mi hijo. No aguantaría una charla tan larga. Al final lo limpiaría, sí, pero con mi ayuda (y no porque no sepa limpiarlo bien, que no sabe, sino por su capacidad de negociación, "tu me ayudas", y su posición de fuerza: el tiempo juega de su lado).

Por otro lado hablas de consecuencias, mientras que en el vídeo se habla de castigo. Creo que el vídeo, al menos el traductor, está más ajustado a la realidad. La moral progre intenta evitar la palabra "castigo" que tanto evoca al antiguo régimen y sus métodos expeditivos; y si bien es cierto que hemos avanzado en "humanidad" en cuanto a los castigos impuestos, abandonando la violencia física, no es menos cierto que los castigos se siguen imponiendo; serán más suaves, de acuerdo, pero siguen siendo castigos, aunque los disfracemos con otro nombre; del mismo modo que la palabra "castigo" es un eufemismo de "venganza".

Una consecuencia es el efecto natural, mecánico, químico o biológico, de una causa: si tiro la pelota contra la cristalería de mamá, se romperá en pedazos; si los cristales me caen encima me cortaré; si la herida es muy grave, puedo desangrarme. Pero la reacción de una persona adulta ante unos hechos de este calibre pasa por una serie de filtros y el que imponga un castigo no es algo natural, sino algo aprendido, cuestión cultural, cuestión de educación.

Podríamos, acaso, establecer grados en los castigos: los del vídeo son bastante suaves y, si queremos, podríamos incluso decir que limpiar lo que se ha ensuciado está más cerca de las consecuencias que quedarse sin zumo, pues hay una cierta continuidad temática, algo se ensucia luego hay que limpiarlo.

Sin embargo, la educación de los infantes puede transcurrir por otros derroteros: la repetición del eso no se hace, eso está mal (y por supuesto sin chantaje emocional: "mamá se pone muy triste"), una y otra vez, una y otra vez, hasta que dejen de hacerlo. ¿O acaso no aprendemos la mayoría de las cosas por repetición? Problema: que los mayores no tenemos paciencia, que a los niños les gusta jugar con las cosas de los mayores, cosas caras, y que en definitiva, como decía antes, el tiempo está de su lado.

Por cierto, todas estas ideas no son mías, sino del pediatra Carlos González en "Creciendo juntos".

Alejandro Rubio dijo...

Gracias por tu aportación, Paco. Yo pienso que en este caso el castigo es la consecuencia, es la forma de asumir la responsabilidad de los actos (o la forma de enseñar a hacerlo).
Pero es cierto que no todo es tan bonito, ni tan fácil, ni tan divertido como nos lo presentan en el vídeo. Como también es cierto que podemos echarle un poco de creatividad a eso de educar, intentando hacerlo de manera constructiva...
En cualquier caso, lo que quiero es eso, debate entre los lectores. Así que gracias por tu comentario...

Fernando dijo...

Vaya. Yo que iba a comentar sencillamente que me parecía que empezaba a ser lo habitual el educar con consecuencias y no con castigos, y me encuentro con el comentario de Paco, que "nomina" mi forma de educar a mis hijos y lo que veo en mi entorno como "moral progre". Vale, pues será eso. Pero funciona. A mí al menos. Claro que negocio y al final lo limpiamos entre los dos. Así aprende más aún todavía, como por ejemplo lo que es la colaboración, el ayudar a los demás, la empatía, etc. Pero, eso sí, mientras, vive las consecuencias de sus actos. No el castigo. Limpiar lo que se mancha no es un castigo. Y cualquier acto que "merezca castigo" puede ser vendido como consecuencia. ¿No quieres cenar? Castigo: No ves la tele. Consecuencia: Como estarás más débil porque no te has alimentado bien, tendrás que irte a la cama a descansar. Siento que te pierdas la tele. ¿Que es lo mismo? Pues no. Sólo lo parece. Para variar la consecuencia puede cambiar sus actos y cenar, y su orgullo, que lo tienen, queda intacto. El castigo sólo provoca rabia y rebeldía. Pues si me castigas, mañana voy a ser más malo para castigarte yo a ti. Eso sí... paciencia a raudales para seguir este método. No digo que sea ni mejor ni peor. Solo digo que a mí me funciona (mis hijos tienen 8 y 3 años). Vale, lo reconozco, también soy muy "progre". Saludos.

Alejandro Rubio dijo...

Gracias por tu aportación, Fernando. Esto es lo que me gusta, que se opine, que cada uno aporte su vivencia y su experiencia, su forma de pensar, sea "progre", conservadora, tradicional... Siempre que sea desde el respeto, esa es la forma de que esto crezca y sea más constructivo.
En el tema que nos ocupa, en concreto, yo lo único que he educado han sido perros, así que mi experiencia con niños es nula. Me vienen muy bien vuestras opiniones y experiencias por si algún día me toca...